Muchas personas son comprensivas con los demás, pero muy duras consigo mismas.
Se critican por equivocarse.
Se reprochan no poder con todo.
Sienten que nunca es suficiente.
Con el tiempo, esa exigencia constante puede generar ansiedad, agotamiento y malestar.
A veces, necesitamos aprender a hablarnos con la misma amabilidad que ofrecemos a quienes queremos.