A veces, normalizamos situaciones que nos hacen sentir mal.
Callar para evitar una discusión. Sentir miedo a expresar lo que pensamos. Creer que siempre tenemos que ceder para que el otro no se enoje.
Con el tiempo, estos vínculos pueden afectar nuestro bienestar y nuestra autoestima.
Una relación saludable no significa no tener diferencias.
Significa poder sentirse escuchado, respetado y valorado.