Muchas personas con ansiedad no logran relajarse ni siquiera cuando finalmente tienen tiempo para descansar.
Porque el problema no siempre es la falta de tiempo.
A veces, es una cabeza que nunca deja de estar en alerta.
Incluso en momentos tranquilos, aparecen pensamientos, preocupaciones o una sensación constante de tensión.
Y sostener eso durante mucho tiempo también agota.