Existe en la actualidad un interesante uso de la inteligencia artificial que merece ser considerado desde la perspectiva clínica. Escucho frecuentemente pacientes y conocidos que acuden a la IA para obtener respuestas instantáneas frente a situaciones de desborde emocional.
Me pregunto: Que lugar ocupa la demanda posmoderna de objetos inmediatos? Es que la sociedad se encuentra en demasía, vulnerable, por lo que no soporta la espera del intervalo entre un momento y otro?
Fernando Ulloa, gran referente del psicoanálisis institucional en Argentina, plantea 3 momentos para pensar la clínica: Instante de Ver, Tiempo de Comprender y el Momento de Concluir. Tiempos que constituyen el proceso terapéutico y se correlacionan con los tiempos subjetivos de cada individuo en relación a su síntoma, inhibición o angustia.
Cada vez más personas recurren a esta aplicación en busca de alivio o compañía frente al malestar psíquico. Si bien esta herramienta puede ser de gran utilidad, el riesgo está cuando se la vincula al sufrimiento humano.
El trabajo clínico implica lo contrario: Alojar la falta, sostener interrogantes, tolerar la ambivalencia y escuchar aquello que no logra encajar plenamente. Dar lugar al sujeto que habita ese cuerpo sintomático. La IA tiende a responder con rapidez, completar sentidos y reducir la incertidumbre. Actuando por sugestión.
Con esta reflexión, no busco PARA NADA demonizar la tecnología. La IA puede constituirse como una herramienta valiosa en muchos aspectos de la vida humana. No obstante, ningún algoritmo puede ocupar el lugar de una escucha atravesada por la ética, la transferencia y la singularidad de cada sujeto.
Ahora bien, dejo abierta la pregunta: Qué sucede en la sociedad actual que cada día se aplaza más el encuentro entre dos humanos? Algo que por esencia, conlleva numerosos obstáculos
@lic.mariaagustinasanchez